Recuperar la ilusión
Entre obligaciones, pendientes y rutinas, es fácil perder de vista aquello que nos enciende.
Pero ilusionarnos no es vivir de fantasías: es encontrar algo que nos movilice, nos dé dirección y nos vuelva a conectar con las ganas de ir hacia adelante.
Te traigo ideas y consejos para que recuperes esa capacidad.
Por Dani Dini
¿Hace cuánto que no te ilusionás con algo?
Un proyecto laboral o personal, un amor, una idea… la ilusión siempre puede encontrar su curso en algo que nos sorprenda, y es esencial para mantenernos vivos.
Y cuando hablo de la ilusión, no hablo de sueños imaginarios ni delirantes, hablo de esa sensación de ir para adelante por algo, de que un proyecto nos ilusione desde adentro, y logre reconectarte con esas sensaciones que suelen ser más comunes cuando somos chicos, pero que perdemos fácil en la adultez.
¿Te resuena?
La ilusión como motor.
Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a Gaby Hostnik, especialista en neurociencias e inteligencia emocional, que acaba de sacar su libro, ‘El futuro es lo que haces hoy’.
Conversamos sobre varios temas y, entre ellos, hablamos de la ilusión y quiero compartirte algunas ideas que surgieron de esa charla.
La ilusión es una emoción que tiene la particularidad y la potencia de abrir caminos. En un mundo agotado y aturdido por el ruido, actúa como un motor silencioso que impulsa la creación.
La ilusión se relaciona con el futuro porque es, en esencia, una emoción anticipatoria.
Darle forma de objetivos a la ilusión.
Y se enciende cuando imaginamos que algo bueno puede suceder. Por eso, en oposición a estar en ‘modo automático’ o en modo supervivencia, la ilusión tiene la fuerza de la alegría, de la esperanza de que algo bueno suceda. Es lo que te enciende.
Por eso se dice que necesitamos tener metas ilusionantes, para poder ver el cambio como una oportunidad de evolución y no como una amenaza.
Y a la ilusión, hay que darle forma de objetivos. “Instalar en nuestra mente metas claras y significativas, no solo organiza nuestra vida, sino que también calma el sistema de alarma, fortalece nuestras funciones ejecutivas del cerebro, las de planificar, decidir y priorizar”, me explicó Gaby.
Una meta ilusionante, orienta la atención y estimula la neuroplasticidad, da dirección a nuestras decisiones y activa el sistema dopamínico energético.
Te comparto tres ejercicios para ponerte en marcha y reconectar con la ilusión:
- Imaginá lo que aún no existe: escribí tus metas, confiá y visualizá. La visualización es clave de toda mentalidad ganadora y te ayuda a conectar con la ilusión. Visualizar es imaginar lo que aún no existe, algo que los atletas de alto rendimiento utilizan muchísimo para entrenarse. Visualizá ese futuro que realmente querés, escribilo en un diario. La mitad del ejercicio es escribir esos pensamientos, y la otra mitad, es acompañar esos pensamientos con la emoción. Conectá con la emoción que te traería la sensación del logro realizado. Preguntate, ‘eso que quiero que suceda, ¿con qué emoción lo voy a acompañar?’. Es poner la atención en lo que depende de vos, en lo que vos vas a hacer para eso que querés, suceda.
- Probá todos los días un ‘imposible’: animate a ir más allá, ejercitalo casi como un juego. No importa lo ‘disparatado’ que pueda sonar: puede ser mandarle un mensaje a Dua Lipa y recomendarle un libro; o enviarle tu presentación profesional al CEO de una empresa en la que soñás trabajar. Es ponerte en ejercicio de probar como un imposible puede ser posible, más allá de los resultados.
- Cultivá la fe: la fe es la confianza para sostener la acción, y se relaciona con el poder de la visualización del punto uno. Cuanto más sensorial y emocional es la visualización, mayor es el impacto en vos: se reduce la ansiedad anticipatoria y aumenta la sensación de control y de motivación.
Volver a las bases.
Me quedé pensando en la potencia de ilusionarnos, y en cuántas veces esa emoción queda sepultada entre lo que hay que hacer, las listas de tareas, las mil prioridades que nunca nos incluyen del todo, lo meramente ‘productivo’ y tantas cosas más.
Te propongo volver a las bases. ¿Qué te ilusiona hoy? ¿Qué te moviliza el corazón cuando lo imaginás? ¿Qué proyecto te motiva, qué sueño te conmueve, qué desafío te saca de tu zona confort y te enciende?
Si hoy no lo encontrás del todo o sentís esa sensación medio perdida… date el espacio de salir a buscarla.
No tiene que ser nada inmenso: con moverte un poquito de la comodidad, ya empezás a mover la aguja hacia este lado poderoso.